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Puero LoberaHace años un día llegué con unos amigos a una pequeña cumbre y empezamos a hacer bromas con un tono de voz poco moderado, lo cual molestó a una persona que había llegado antes, a la que hicimos perder ese encanto especial de una cumbre solitaria. Por lo agrio de la reprimenda, contestamos que en muchos kilómetros a la redonda era la única cumbre en que se podía encontrar con otros visitantes. Probablemente unos y otros deberíamos haber empleado un tono menos áspero en un ambiente tan bucólico.

Otro día llegué en solitario a otra cumbre, más alta y mucho más visitada, en la que permanecí solo durante casi tres cuartos de hora. ¡Vaja lujazo! Como podía preveer, un rato después llegó una riada de nuevos visitantes a la cumbre, a quienes yo había ido adelantando en el sendero de acceso. Extasiado, por ese pedazo de estancia solitaria en una bonita cumbre, no me conformé con ese bullicio, y sin decir palabra me fui a una antecumbre cercana a seguir disfrutando de la soledad.

El fenómeno de la masificación de rutas y espacios naturales,  además de su disfrute por un amplio sector de la población puede producir un mayor conocimiento y valoración de sus riquezas naturales; pero arrasando el romanticismo de montañeros, escaladores, barranquistas... Dicho disfrute debe ser compatible con los valores naturales de dichos espacios. Las administraciones medioambientales deben hacer estudios de impacto y regular los usos y la cargas de visitantes asumibles para que no se deteriore el Medio Ambiente.

El problema es que, algunos a quien este fenómeno ha roto su disfrute romántico de la Naturaleza, se están quejando de ello, sosteniendo que ellos, los deportistas, deben ser considerados con otro rasero en cuanto al disfrute de estos espacios naturales. Pero ¿debe tener más derecho a disfrutar del medio natural un deportista que alguien algo menos deportista que necesita a alguien más experto o a una empresa que le facilite dicho disfrute?.

En el mundo de la espeleología, por prevención de accidentes de personas poco experimentadas y conservación del medio, tradicionalmente se han dejado desequipadas las cavidades. ¡Lógico en un medio tan sensible!

En el ámbito de la escalada la masificación de ciertas escuelas ha impulsado desde hace ya tiempo a algunos,  a desequipar de modo particular vías fáciles para evitar la afluencia de novatos.

En escalada, espeleología y barranquismo otra táctica, cada vez más popular, es la de no dar información, compartirla solo con los colegas deportistas, para evitar la masificación.

El equipador, el que abre vías de escalada, equipa nuevos barrancos, es y ha sido siempre un altruista, quien lo que explora y equipa ofrece a todos.

El que equipa o no equipa y calla puede ser más o menos altruista, porque quizá tenga reparos en divulgar lugares sensibles a la masificación, como las cuevas.

Pero últimamente, en barrancos, en donde normalmente el impacto ecológico puede ser bajo o nulo, hay quien esta desequipando, probablemente para entorpecer el acceso de personas menos expertas, probablemente con la intención de evitarse la compañía de inexpertos en sus visitas y, a la vez, potenciando el riesgo de que esos deportistas menos expertos, puedan tener incidentes o accidentes.
Esto nos ha sido denunciado por algunos barranquistas, a quienes prometimos expresar nuestra opinión y abrir un debate público.

Pensamos que alguien, por lógica las federaciones deportivas con competencia en actividades de barranquismo (Federación Andaluza de Montaña y Federación Andaluza de Espeleología) deberían ser los responsables técnicos de dichos equipamientos y desequipamientos; deberían fijar unas normas al respecto que sean públicas y conozcan deportistas y empresas y mantener activo un comité a quien proponer, informar y/o denunciar. Lo que no debería ocurrir es que equipamientos, sobreequipamientos en algunos casos y desequipamientos sean objeto de decisión particular de cualquiera y menos aún, que alguien decida desequipar para no encontrarse novatos en una escuela de escalada (que ocurre) o en un bararnco con muchos rápeles en el que le entorpezcan tres barranquistas primerizos.

¿O no?